Con otros sentidos 🤚🏻👃🏻👂🏻

Aug 29, 2025

Hoy me gustaría invitarte a un pequeño juego. Es cierto que las artes plásticas nos entran a través de la mirada pero, también pueden inspirar otros sentidos.

Detenerte un segundo frente a piezas mientras evocas cómo interactuarían tus sentidos con lo que se representa puede ser muy enriquecedor y una forma diferente de conectar con las obras.

Te voy a mostrar algunos ejemplos para que te dejes llevar mientras las observas. ¡Puedes contarme por correo tus impresiones!

 

Olfato

¿A qué huelen estas obras?

 

 

Jarrón con flores. Rachel Ruysch. 1700. Mauritshuis museum.

 En este jarrón pintado por Rachel Ruysch, las flores que quedan fuera del foco de luz se están marchitando, mientras que las del centro parecen aguantar aún bien. En la mezcla de olor de las diferentes especies seguramente se colara alguna señal de ese proceso de marchitamiento que nos haría, sin duda, reorganizar el ramo.

 

 

 

Vieja cocinando huevos. Velázquez. 1618. National Galleries Scotland.

Aquí donde la veis, esta obra ha suscitado debates acerca de qué medio está empleando la mujer para cocinar los huevos. A mí, personalmente, me encantaría que fueran fritos, y es que ese olor es uno de los culinariamente imbatibles: el que anuncia uno de los platos más humildes y ricos que hay.

 

Oído

¿Cómo suenan estas obras?

 

El león hambriento atacando a un antílope. Henri Rousseau. 1898-1905. Fundación Beyeler, Suiza.

Las visiones fantásticas de los parajes selváticos que pintó Rousseau responden muy bien acerca de esa idea poco clara que podemos tener de ecosistemas lejanos. En mi cabeza se recrea una mezcla del sonido de los documentales de la 2 en los que siguen la vida de leones en la sabana, con el repertorio acústico del cine que recrea la ambientación de la selva, con el batido de alas y graznidos o trinos de aves que anuncia su huída ante algún acontecimiento que las atemoriza.

 

Władysław Podkowiński. Niños en el jardín. 1892. Museo Nacional en Varsovia.

El sonido de la brisa meciendo muy suavemente las ramas de los árboles, el agua saliendo de esa regadera, un tábano husmeando entre las flores y el cuchicheo de esta pareja de pequeños jardineros, quizá dándose indicaciones, conforman un abanico de sonidos sutiles que seguro que quienes vivimos en una ciudad frenética podríamos calificar como silencio.

 

 

Tacto

¿Hay algo en estas obras que sientas que podrías experimentar con el tacto?

 

 

El Descendimiento. Van der Weyden. antes de 1443. Museo del Prado.

El Descendimiento es una de esas obras sobre la que podemos comentar muchísimas cosas (de hecho hace poco le dediqué una píldora de arte en el Club), pero siempre me ha llamado la atención una cosa: el visón de la solapa del abrigo del personaje identificado como José de Arimatea. Las puntas de mis dedos se despiertan imaginando el suavísimo tacto del pelaje.

 

 

Efecto de nieve en Louveciennes. Alfred Sisley. 1874. Museo Barberini, Postdam.

Ahora que el verano va anunciando poco a poco su retirada, me confieso fan del frío. El otoño es mi estación favorita, aunque disfruto también mucho del invierno. Y hay algo que me encanta experimentar: los paseos en las mañanas invernales soleadas. Esa combinación entre el frío en las mejillas y el temple del sol es una auténtica gozada. Pero fíjate en esta obra de Sisley, seguro que también puedes recrear ese pisar la nieve un poco esponjosa que se quiebra un poco con la presión de cada zancada.

Espero que este ejercicio te anime a observar las obras a través de una imaginación que apele a algo más que la vista.

De momento, eso es todo.

Cuídate mucho,

Ángela.

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